Hebreos | < | 8 | > |
1 | Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, |
2 | ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre. |
3 | Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer. |
4 | Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; |
5 | los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte. |
6 | Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. |
7 | Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. |
8 | Porque reprendiéndolos dice: |
9 | No como el pacto que hice con sus padres |
10 | Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel |
11 | Y ninguno enseñará a su prójimo, |
12 | Porque seré propicio a sus injusticias, |
13 | Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer. |
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